La Dictadura Sigue

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Se puede y debe denunciar de la manera más enérgica y rotunda la brutal dictadura de Maduro y al mismo tiempo reprobar las acciones del gobierno de Estados Unidos en suelo venezolano. El gobierno de Sheinbaum hizo lo segundo, pero nunca lo primero. Desde el derrocamiento de Noriega en Panamá (1989), Estados Unidos no había vuelto a cruzar la raya de un operativo militar en América Latina. Lo hace ahora de manera muy distinta, aunque ha reconocido que si hiciera falta tener “las botas sobre territorio venezolano” no dudaría en hacerlo. La historia apenas comienza. La dictadura sigue. Estas acciones, -principalmente haber derribado y matado a 115 presuntos narcotraficantes en las costas de Venezuela y haber incursionado en territorio venezolano para capturar a un dictador- no pueden ser respaldadas y aplaudidas. El presidente de Estados Unidos cometió al menos dos violaciones a la legalidad: la de los límites de la capacidad del ejecutivo para ordenar acciones militares sin la autorización expresa del Congreso y las del derecho internacional. Se puede estar eufórico ante la “caída” de Maduro sin avalar la forma en que se hizo. Sabemos que los venezolanos no votaron por él y que su jefatura de Estado y de gobierno eran ilegales e ilegítimas, pero correspondía a los venezolanos seguir su lucha por deponer al dictador y al régimen que instauró. No sabemos que venga hacia adelante. Eso de que Estados Unidos controlará el gobierno o gobernará al país hasta que Venezuela pueda organizar una “transición de poder segura, adecuada y juiciosa” no es más que otra ilegalidad y pura engañifa. ¿Quién decide el momento en que llegó esa situación? La detención de Maduro no significa el fin del régimen dictatorial. No lo sacaron de su país por dictador sino por narcotraficante. La dictadura sigue y la información con que se cuenta apunta a que no está en los planes del gobierno de Estados Unidos reconocer el triunfo electoral de Edmundo González en las elecciones de 2024, tampoco de llamar a elecciones en el futuro cercano, mucho menos de reconocer el indiscutible y valiente liderazgo de María Corina Machado en la lucha pacífica en contra de la dictadura. Para ella, quien ha dado una lucha ejemplar, las palabras del secretario de Estado fueron de un desprecio inaceptable: «María Corina Machado es fantástica (…), pero aquí está la realidad a la que nos enfrentamos, la realidad inmediata que es que, lamentablemente, la gran mayoría dela oposición ya no está presente en Venezuela”. Mo concita el respeto de los venezolanos. ¿Quién es él para decidir que la mayoría de la oposición ya no está presente? Se olvidaron ya de los resultados electorales de 82% de las actas que precisamente esa oposición, que llaman inexistente, recabó y que daban como resultado un triunfo amplio a Edmundo González, con el 67% de los votos sobre el 30% de Maduro. En Venezuela la oposición, con todos los peligros que ello traía aparejado, seguía y sigue presente. A ella corresponde acabar con el régimen dictatorial. La realidad inmediata, a la que se refiere Marco Rubio, pero no quiere mentar, es la de la pobreza en que viven los venezolanos, del exilio forzado de un tercio de la población, de los miles de presos políticos, de los periodistas silenciados, de los asesinatos extrajudiciales, de juicios simulados, de represión generalizada, de tortura y de estructuras criminales incrustadas en el gobierno dictatorial. Acabar con esta realidad inmediata no está en el discurso, quizá tampoco en los planes del gobierno estadounidense. Lo que está en sus planes es negociar con alguna fracción de la dictadura o directamente con Delcy Rodríguez bajo la amenaza de que correrá una suerte similar o peor a la de Maduro “si no hace lo que debe”. Negociará con una prominente integrante de la propia dictadura. Los motivos declarados de Trump para deponer a Maduro no fueron la reinstauración de la democracia, la libertad y la prosperidad de Venezuela por más que diga que los recursos de una petrolera eficiente manejados por su gobierno se utilizarán para beneficio del pueblo. Tampoco están la salvaguarda de los derechos humanos y políticos de los venezolanos, la liberación de los presos políticos, el restablecimiento de la libertad de prensa o el juicio a los colaboradores de la dictadura. Sus planes son más concretos y pragmáticos. Hacerse del control del petróleo de la nación con más reservas probadas, dar credibilidad a la lucha contra el tráfico de drogas y mostrar su posición de fuerza en el concierto de la división global de poderes. Hoy es el dictador de Venezuela, mañana puede ser quien estorbe los planes de grandeza del presidente Trump, necesite desviar la atención de asuntos graves de la política interior o quiera enviar mensajes a China y Rusia sobre quién manda en el continente americano o en el hemisferio occidental. La intervención en Venezuela ordenada por Trump no se puede tomar a la ligera. Sus palabras en la entrevista que diera a la cadena Fox News son reveladoras. Para los casos de México, Colombia y Cuba hubo amenazas abiertas. Para Groenlandia, también.