La Hispanidad

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Se conmemoró el Día del Descubrimiento de América. De niños nos enseñaron que: “El 12 de octubre, de júbilo lleno, llegó a nuestras playas un gran marinero, con tres carabelas y un gran corazón, que es el gran Cristóbal Colón”. Que colón no descubrió América, porque esa tierra estaba ahí, es cierto. Que antes que él, llegaron los Vikingos, tal vez sea verdad. Cierto es, como dice Neruda, “llegó a una tierra sin nombre todavía”, pensando que eran Las Indias. Lo grande de Colón es que demostró, en la edad media, que la tierra no era cuadrada. Colón debió ser un personaje excepcional; un adelantado a su tiempo, -robador de horizontes-, que le dio nuevas luces y conocimientos a la humanidad. Quitar su estatua de Paseo de la Reforma fue una tontería de quienes, obsesionados con un pasado idílico, albergan profundos resentimientos por una serendipia que ocurrió hace más de 500 años. En nuestro dividido país, la polarización sobre nuestros orígenes no admite términos medios: hispanistas o indigenistas. La presidente Sheinmbaum es, a las claras, del segundo grupo: “Qué nos pida perdón España por la conquista…” -Es como pedirles a los gitanos que “regresen el clavo de la cruz de Cristo que, según esto, se robaron hace siglos”-. Los hispanistas abominan los sacrificios humanos, siempre y cuando, no sean los de la Santa Inquisición. Los indigenistas, no perdonan que los españoles hayan tratado de borrar una civilización y una cultura, construyendo iglesias y edificios sobre los templos precolombinos. López obrador, siendo descendientes de españoles, es un anti hispanista de hueso colorado; eso sí, como mandamás, se fue a vivir al Palacio Virreinal, principal símbolo de la conquista española. Al final de cuenta somos, aunque renegamos de ello, una mezcla de sangres y culturas; aunque existan personas que, apellidándose Colón o Cortés, renieguen del navegante y del conquistador. Qué paradoja que, el nuevo comandante de la guardia nacional, se llame Hernán Cortés. Durante la conquista, y la llegada de esclavos negros, surgió una clasificación –oficial- de castas en la nueva España: -Español, los peninsulares. -Criollo, de español con español, por el hecho de nacer en México. -Indio, los autóctonos. -Mestizo, de español e india. -Castizo, de mestizo con española. -Mulato, de español con negra. -Morisco, de mulato con española. -Chino, de morisco con española. -Salta Atrás, de chino con india. -Lobo, de salta atrás con mulata. -Jíbaro, de lobo con china. -Albarrazado, de jíbaro con mulata. -Cambujo, de albarrazado con negra. -Sanbaigo o zambo, de cambujo con india. -Zambo Prieto, de negro con Zamba. -Calpamulato o calpán mulato, de sanbaigo con loba. -Tente en el Aire, de calpamulato con cambuja. -No te Entiendo, de tente en el aire con mulata. -Torna Atrás o Ahí te Estas, de no te entiendo con india. Con la emigración de ingleses, polacos, franceses e irlandeses a México la clasificación resultó complicadísima y absurda. Imagínese… ¿cómo sería clasificado un niño de un irlandés con una mujer ‘no te entiendo’? El noventa por ciento de nuestros apellidos son de origen hispánico, sean indios o ladinos. Pero también son muy mexicanos, y aman a su patria, quienes tienen apellidos no hispanos, cuyos ancestros se asentaron en nuestro país hace décadas, como los Sheinmbaun, aunque, la más prominente de ellos, ordenara quitar la estatua de Colón de Paseo de Reforma y reniega tanto de la conquista. Por cierto, este lunes no trabajará la burocracia -hispanista e indigenista- porque, el 12 de octubre, cayó en sábado…