La informalidad, riesgo latente

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La economía informal es un fenómeno que por muchos años ha sido una alternativa para un gran número de personas con necesidad de una fuente de recursos para el sustento familiar. Las manifestaciones de la informalidad son varias. Por ejemplo, trabajo en o desde los hogares, en centros de trabajo sin reconocimiento de relación laboral o ventas de bienes y servicios en la vía pública, entre muchas otras. Naturalmente, una buena parte del empleo informal es de baja calidad. La permanencia de la economía informal responde a varias causas. Una de ellas es la tolerancia de las autoridades -como la ocupación de la vía pública, por ejemplo-. Otra, quizá más representativa, es el costo de la formalidad. El hecho es que no ha habido estrategias efectivas que favorezcan la creación de empresas formales que permitan crear mayores puestos de trabajo de calidad. Es necesario un entorno que facilite a las empresas, nuevas y ya establecidas, ocupar un espacio en el sector formal de la economía, con expectativas claras de supervivencia y crecimiento y una percepción positiva y de certidumbre del ambiente de negocios. La prevalencia de un Estado de Derecho con reglas claras es parte importante del entorno favorable a la formalidad laboral. Por un lado, facilita la inversión productiva de gran alcance, con la conveniencia de la relocalización de las cadenas de oferta y que naturalmente tiende a generar empleo formal. Por otro lado, el Estado de Derecho efectivo implicaría una menor tolerancia a la informalidad por parte de la autoridad. El espacio de oportunidad es amplio. De acuerdo con el ranking del Índice de Estado de Derecho 2023, elaborado por el World Justice Project, México se ubica en el lugar 116 de un universo de 142 países. En lo que va de esta Administración ha perdido 17 posiciones. Un marco regulatorio facilitador del emprendimiento y la inversión seguramente ayuda a la formalidad laboral. Por ejemplo, en la medida en que una carga regulatoria excesiva disuade la apertura de una empresa en la formalidad es probable que acuda al empleo informal. En la regulación difícil de cumplir habría que incluir las dificultades de nuevas empresas para darse de alta ante la autoridad fiscal. Quizá el elemento disuasivo de la formalidad laboral más importante son los elevados costos laborales no salariales. Entre contribuciones al IMSS y al INFONAVIT, reparto de utilidades y otras prestaciones, alcanzan alrededor del 40% de los costos laborales totales para las empresas. Estas y otras circunstancias resultan en un nivel de informalidad de la economía persistente y preocupante. Los datos más recientes del INEGI indican que en el primer semestre del presente año la economía informal representó el 24% del valor agregado bruto total de la economía, su nivel más alto para el mismo lapso desde 2010. La mayor participación la ocupan el sector comercio y la construcción que representan el 37.2% y 13.1% de la ocupación informal, respectivamente. Evidentemente la informalidad es buena parte de la de ocupación nacional. En octubre pasado la población ocupada informalmente sumó 32.9 millones de personas, su segundo nivel más alto desde que inició la serie en 2005, y 55.4% de la ocupación total. No obstante su importancia en términos de ocupación laboral, el sector informal es menos productivo. Con poco más de la mitad de la población ocupada genera sólo el 24% del PIB. El problema va más allá. La relación entre informalidad y productividad está ampliamente documentada e incluso también que su coexistencia puede desembocar en un círculo vicioso entre ambos fenómenos. En México las proporciones de ocupación formal e informal dentro del total se han mantenido estables, en alrededor de 45% formal y 55% informal. Pero cifras recientes sugieren que, en el margen, esta proporción está cambiando. De acuerdo con las cifras de la última Encuesta de Ocupación y Empleo (ENOE) la ocupación informal en el año al mes de octubre se incrementó en 1.1 millones, mientras que la formal lo hizo en sólo 360 mil. Incluso considerando el aumento de la afiliación de trabajadores en el IMSS en noviembre, 107 mil, la información reciente sugiere un cambio en la estructura de la ocupación en este año en favor de la informalidad, lo que sería preocupante. A ello, se suma que el crecimiento anual del empleo del IMSS se ha reducido desde el año pasado y su nivel está 3.5% por debajo de su tendencia prepandemia. La necesidad de estrategias que estimulen la formalidad es evidente. Para ello, la vigencia del estado de derecho debería fortalecerse, la regulación ser más eficiente y la tendencia de los costos laborales moderarse. A la larga, la generación de mayor capital humano de las personas también ayudaría a reducir la informalidad de la fuerza de trabajo. Respecto a esto, los resultados de la Prueba Pisa del 2022 de la OCDE no son alentadores. Los resultados de Pisa han sido analizados por múltiples expertos, que en su mayoría han expresado su preocupación al respecto porque muestran un retroceso importante en los estándares educativos del país. Aquí, basta simplemente señalar que, entre los países de la OCDE, México está por debajo del promedio de sus miembros en las tres disciplinas que incluye la prueba. -16% en matemáticas, -13% en lectura y -15% en ciencias. Pisa incluye evaluaciones para otros países no miembros de la OCDE, totalizando 81. En ese conjunto México está en la posición 57 en matemáticas y ciencias y en la 49 en lectura. El panorama a futuro es poco alentador. No se esperan mejores resultados en la próxima evaluación. En atención al principio “lo que no se puede medir, no se puede mejorar”, sería necesario evaluar el desempeño de los estudiantes y los maestros en todos los niveles, principalmente en la educación básica. Pero las mejores prácticas educativas y las evaluaciones del impacto sobre el aprendizaje no parecen ser prioridades del actual sistema político y educativo del país. La crítica y rechazo abierto que se hace de las evaluaciones internacionales es preocupante. La prueba PISA no tiene parámetros del neoliberalismo, ni de izquierda, centro o derecha. Es una métrica de lo que es inherente a la existencia humana del siglo XXI: el conocimiento matemático y científico y la comprensión de lectura. Más preocupante aún es el rumbo de la educación básica en el que la “nueva escuela mexicana” prioriza la educación de principios ideológicos en detrimento de la ciencia. Con estas perspectivas de la educación, la superación de la informalidad laboral se aprecia aún más difícil