Una de las grandes obras de Isaac Asimov, Yo, robot, imaginó un futuro en el que las máquinas cobraban conciencia. Asimov planteaba, décadas antes que nosotros, la pregunta que a muchos les quita el sueño: ¿puede una máquina llegar a pensarse a sí misma? Esta semana, Ted Chiang, otro maestro de la ciencia ficción, respondió que no. En un ensayo para The Atlantic, argumentó que la inteligencia artificial actual no es consciente y que atribuirle una vida interior es un error filosófico. Es una pregunta fascinante que conecta con la eterna pregunta: ¿esta tecnología nueva sustituirá al humano? En 1811, en los condados textiles de Inglaterra, grupos de trabajadores empezaron a destruir la maquinaria que amenazaba su oficio. Se hacían llamar luditas, en honor a Ned Ludd, un personaje probablemente ficticio. Los luditas perdieron, las máquinas se quedaron, las fábricas se multiplicaron y la economía creció. Pero el miedo nunca murió. El argumento más sofisticado de quienes hoy temen a la IA es que esta vez sí es distinto. Antes, la máquina reemplazaba una tarea; ahora las reemplaza todas. El humano correría la misma suerte que el caballo, que pasó de motor de la economía a curiosidad de granja en cuanto llegó el tractor. El problema con la analogía es que, como bien dijo Brian Albrecht, el humano no es un caballo. El caballo tenía un solo papel económico; el ser humano, en cambio, no es un insumo con un único uso. Para que sigamos el camino del caballo, la IA tendría que reemplazarnos en todo, en todas partes, al mismo tiempo. Y así no funciona la economía. Justo de eso hablamos en el cierre de temporada de FEExplains, donde nos preguntamos si la inteligencia artificial sustituirá al trabajador humano. La respuesta corta es que no, pero te invito a verlo y a que saques tus propias conclusiones. ¡Hasta la próxima! ****Directora de FEE Studios