Lo sucedido en Hungría tiene lecciones sumamente relevantes para la oposición mexicana. El régimen de ViktorOrbán –que otrora parecía imbatible– ha caído de la noche a la mañana. Qué contexto lo provocó, cuál fue el discurso de la oposición y qué sigue son algunas reflexiones que debería tener la oposición en el país… si es que quieren regresar al poder. La preocupación de los húngaros no era la democracia, sino la mala situación económica y la corrupción endémica. El candidato ganador, Peter Magyar, jamás habló de democracia, sino de los famosos temas de “pan y mantequilla” y del enriquecimiento indignante de familiares y amigos de Orbán. Y, además, aderezo su discurso de nacionalismo. Aunque la presidenta Sheinbaum sigue teniendo altos niveles de aprobación, crece el rechazo a su manejo de la economía, de la corrupción y, además, de la seguridad. El 70% de aprobación personal contrasta con el 42% que reprueba su manejo de la economía, el 79% de la corrupción y el 53% de la seguridad pública (El Financiero). Hungría no era una dictadura, pero sí un régimen autoritario competitivo, con todos los contrapesos formales –y la gran mayoría de los informales– favoreciendo a Orbán.Y, sin embargo, la oposición existía y tenía la posibilidad —aunque remota— de llegar al poder. Esa es la dirección de México, que solo se acelerará con la próxima captura del Instituto Nacional Electoral (INE). Como bien lo indica la experiencia húngara, la economía y la corrupción tendrán que empeorar en el país para que una parte considerable de la población se oponga al morenismo. Y mucho indica que así será: la economía no arranca ante la enorme incertidumbre provocada por Trump y las reformas de Morena, aunado a que las políticas de aumento del salario mínimo han llegado básicamente a su fin. Y sobre la corrupción, toda la experiencia internacional —y el sentido común— indican que sin transparencia y en un contexto de creciente autoritarismo, esta inevitablemente crecerá. Ahí está Transparencia Internacional, que dice que 2024 fue el año de mayor corrupción en el país desde que lleva a cabo el estudio:hace treinta años. Sin embargo, cabe resaltar que Peter Magyar fue durante muchos años un ferviente partidario de Orbán yformó parte de su movimiento. Asimismo, tomó un partido desconocido como vehículo para llegaral poder dos años después. Ante lo anterior, surge la pregunta de si la oposición provendrá del propio Morena —un movimiento sumamente amplio— o si emanará de algún partido nuevo —tal vez de Somos México, si es que le otorgan el registro— y no de los partidos tradicionales de oposición, con sus muchos negativos. Y vale la pena recordar el apoyo que Hungría recibe de la Unión Europea, tanto en materia de fondos como de reformas, que nosotros no tenemos. El gran reto para Hungría —que lo será también para México— viene después: desmontar las estructuras del partido en el poder. Mientras tanto, la oposición debe asumir su papel de insurgente, como lo hizo el morenismo en su momento: en la pelea contra los intereses arraigados y la corrupción. Es remar contracorriente: contra el partido en el poder y contra las inercias de la propia oposición. Twitter: @FernandoNGE TikTok: @Fernando_Nunez_