Ante el escenario de la reforma de reducción de jornada a 40 horas, tenemos varias interrogantes y a todas ellas la productividad es la respuesta. Baja California vive de competir. Cada planta que se instala en Tijuana, Mexicali, Ensenada, Rosarito o Tecate, cada línea de exportación que cruza la garita hacia California o Arizona, es el resultado de una decisión que otras regiones del mundo también estaban buscando ganar. Esa competencia nunca se detiene, y ahora llega acompañada de un cambio estructural, la reforma que reduce gradualmente la jornada laboral a 40 horas semanales publicada el 1 de mayo de 2026. La transición será escalonada y mantiene el salario íntegro de los trabajadores. La pregunta en Baja California no es si esta reforma nos afecta, eso es un hecho, sino si la convertimos en una ventaja competitiva o dejamos que se convierta en un impedimento para atraer y retener inversiones. Durante décadas la fórmula de la competitividad industrial fronteriza se apoyó en horas de trabajo disponibles. Ese modelo se agota con esta reforma, y está bien que así sea. Se obliga a la industria de exportación a dar el salto que otras economías avanzadas dieron hace décadas, de competir por horas a competir por productividad. No es un ejercicio teórico. Significa automatización real en líneas de producción, rediseño de turnos, inversión en manufactura avanzada y, sobre todo, una revisión seria de cómo medimos el valor del trabajo. Las empresas que ya están planificando esta transición. Revisando cargas operativas, esquemas de rotación y necesidades de personal adicional, llegarán a 2027 con ventaja. Las que esperen al último momento absorberán el cambio como un costo, no como una oportunidad. Ciertamente Baja California tiene algo que muy pocas regiones de Norteamérica pueden ofrecer. Cercanía geográfica con el mercado más grande del mundo, cadenas de suministro maduras bajo el T-MEC y una fuerza laboral con décadas de experiencia en manufactura de alta precisión. El talento y mano de obra calificada es una fortaleza. Ese capital no lo va a borrar una reforma laboral. Pero tampoco se sostiene solo. Requiere que el estado invierta, con la misma urgencia que las empresas, en cerrar la brecha de productividad que la reducción de horas pone en evidencia. Es común escuchar que la competitividad es responsabilidad de las empresas, no lo creo. La productividad de una planta depende tanto de su gestión interna como del entorno en el que opera. Suministro eléctrico confiable, infraestructura vial y aduanera eficiente, certeza jurídica, seguridad pública y simplificación de trámites. Ninguna empresa, por más eficiente que sea su línea de producción, puede compensar horas perdidas cruces fronterizo saturados o en apagones. Aquí el compromiso del estado es concreto y medible, agilizar permisos, garantizar infraestructura energética suficiente para la demanda industrial que se espera y coordinar con el gobierno federal la modernización logística de cruces. Sin esas condiciones, ninguna estrategia de productividad empresarial alcanza para compensar la reducción de horas disponibles. La pregunta que define el futuro del estado es ¿qué perfiles necesitará Baja California para seguir siendo competitivo hacia 2030? La respuesta ya no está solo en la línea de ensamble. Está en los técnicos que programan y dan mantenimiento a líneas automatizadas, en los ingenieros que diseñan procesos con menor tiempo y mayor rendimiento, en los especialistas en datos que optimizan cadenas de suministro en tiempo real. Formar ese talento no es tarea de un solo sector. Exige que universidades y centros de formación técnica rediseñen sus planes de estudio con la velocidad que exige la industria, que el gobierno incentive la capacitación dual y continua, y que las empresas abran sus plantas como espacios reales de formación, no solo de reclutamiento. Baja California ya tiene la base. Una vocación exportadora consolidada, cercanía con Estados Unidos y una comunidad empresarial acostumbrada a adaptarse. La respuesta estará en la colaboración entre empresas, gobierno y academia para empezar a formar la productividad que va a definir si el estado sigue siendo uno de los destinos preferidos de la inversión o si cede ese lugar a otra región dispuesta a hacerlo. ****Presidenta de Coparmex Tijuana.