Con la portada de un libro, López Obrador, mandó el mensaje de lo que sería su gobierno: «¿Quién Manda Aquí?» Antes de llegar a Palacio, él, y nadie más que él, mandó en México. Quienes no acataron sus designios, sintieron todo el peso de su poder. Millones no quisieron entenderlo: la política, el poder, su poder, estuvo sobre todo y sobre todos, incluyendo sobre la ley. Concentró en sus manos a un poderosísimo gobierno centralista-populista pocas veces visto en la historia. Despedazó la administración pública federal, metió tijera donde quiso y, dispuso de 379 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización para emergencias, creado en 2001. Se gastó el dinero de los fideicomisos y endeudó más al país: recibió una deuda pública de 560 mil millones de dólares y la dejó en 940 mil millones de dólares. El déficit fiscal, que en 2010 rondaba en 3%, lo llevó al 6%. Con todo el dominio político y administrativo en sus manos, mantuvo y acrecentó el poder político de su Frankenstein: Morena. Queda claro que, Claudia Sheinbaum, a diferencia de su jefe político, recibió una administración pública en condiciones muy desfavorables. Le entregaron un país en llamas, con una deuda al límite y un déficit presupuestal muy difícil de manejar. Ella quiere, pero no puede, gobernar al estilo de López Obrador; tener mañaneras como las de López Obrador, pelearse con los molinos de viento como López Obrador, decir mentiras creíbles como López Obrador, reírse como luria tal y como lo hacía López Obrador…je, je, je… No le va, no le queda, como decía Daniel Cosío Villegas, el estilo de gobernar es, personal… En medio del panorama incierto que vive México, surge la rebelión de los locos, de los tres chiflados, -Adán Augusto, Monreal y Mier-, quienes le echan gasolina al fuego. Su intentona fascista de eliminar derechos ciudadanos, y su determinación de que sean inexpugnables las reformas constitucionales, es una sinrazón política sin precedente. Al eliminar amparos, controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad matan al Tribunal Constitucional, a la Suprema Corte y mandan al carajo la división de poderes. Querer hacer su reforma retroactiva, solo puedo ocurrírsele a este trío de ‘supremacistas’ desquiciados, ni a ‘Varguitas’, en la Ley de Herodes. Claudia Sheinbaum acusó de autoritario al gobierno de Díaz Ordaz; aquel régimen será una caricatura de autoritarismo si, durante su mandato, se materializa la locura de LA SUPREMACÍA CONSTITUCIONAL que, no es otra cosa, que un TOTALITARISMO FASCISTA. Ante esta incerteza jurídica, ¿Cómo puede la presidente ofrecer certeza a los inversionistas nacionales y extranjeros? ¿Quo Vadis Claudia?... hasta ahora, su marcha, va hacia la dictadura, hacia ninguna parte…