“Es una obra prioritaria que, «consideramos de seguridad nacional, de urgencia»; por lo que nos vamos a ahorrar mucho tiempo en trámites burocráticos que son lo que muchas veces retrasan las obras”. Eso comentó Andrés Manuel López Obrador, -en agosto de 2022-, cuando anunció la construcción del Acueducto “El Cuchillo II”, que abastece de agua a Monterrey. Con la cantaleta de la “urgencia y la seguridad nacional”, -con un decreto-, instruyó a todas las dependencias federales para que otorgaran autorizaciones provisionales a sus obras con la simple presentación de la solicitud. Todas las obras de infraestructura, telecomunicaciones, trenes, mega farmacia, aeropuertos, -todas-, por ser prioritarias y estratégicas, se iniciaron sin proyectos ejecutivos; sin planificar las contingencias, los sobrecostos, riesgos y posible pérdida de vidas. Se ignoraron la Ley de Obra Pública, los trámites, los dictámenes técnicos, los permisos; los requisitos estructurales, de protección civil, estudios de impacto ambiental, - “todos los trámites burocráticos”-, que retrasaban las obras urgentes y de seguridad nacional. «Por eso hubo muchos amparos» En el caso del Acueducto El Cuchillo, se compraron las tuberías, plantas de bombeo, los materiales, se repartieron los contratos y, después del trinquete, se buscó quien elaborara el proyecto ejecutivo. Porque, para un Presidente como AMLO, -que lo sabía todo-, no había necesidad de recurrir a técnicos o expertos para construir grandes obras de infraestructura: - “¿De cuándo acá se requiere tanta ciencia para extraer petróleo?, Se preguntaba el genio de Macuspana y, el mismo se contestaba: - “…es como perforar un pozo, como si se fuese a extraer agua, nada más que no a 30 metros, sino a 3 mil o 5 mil metros, no tiene ciencia”. Y, con base en esa creencia y, al grito de “me canso ganso, puso manos a la obra sexenal”: • Se lanzó a construir una refinería, “en dos años y a un costo de 8 mil millones de dólares”; • El Tren Maya, marcado por sobrecostos, corrupción, daños ambientales y, hasta ahora, “con un evento ferroviario”; • El Aeropuerto Felipe Ángeles el cual, a tres años de su inauguración, está muy lejos de cumplir con las expectativas oficiales; • La Farmaciota, un delirio mediante el cual se pretendió abastecer al país con medicamentos de todo el mundo; • El Tren Interoceánico, reusando los rieles y durmientes del tren construido en tiempos de Don Porfirio, operado con locomotoras y vagones usados y descontinuados. “Como no tenían ciencia”, todas esas obras fueron construidas a la carrera, con adjudicaciones directas y sin dar a conocer contratos, costos ni detalles técnicos. ¿Qué va a pasar con las investigaciones de la Fiscalía?, lo más seguro es que no pase nada; como no pasó nada con otros descarrilamientos que, para el gobierno, son “percances de vía”. EL BOBBY ¿Y dónde anda el “Supervisor Honorífico de la Obra” Gonzalo López Beltrán? ¿Lo van a investigar? DISCUSIONES ENTRE COMENTÓCRATAS Y DEFENSORES DEL RÉGIMEN. Que si Gareth Dennis, experto británico en sistemas ferroviarios, -advirtió o no-, sobre la posibilidad del descarrilamiento del Tren Interoceánico es una discusión estéril; la realidad es que el Tren se descarriló, enlutó a 13 familias y dejó más de 100 heridos. Según esto, Dennis “aclaro que su comentario se refería a trenes de alta velocidad”, de esos que corren arriba de 125 millas por hora; imagínese lo que pasaría, si por esas vías, corriesen esos trenes…