El gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum tiene dos grandes problemas: Uno: no tiene dinero y, dos, quienes lo tienen, no tienen la confianza suficiente para invertirlo en México. La reforma al poder judicial, «ese noble experimento», aún sin aterrizarse, es uno de los obstáculos a la inversión privada. Ayer, les pidió a 240 líderes de empresas de Norteamérica, que le tengan ‘confianza’ e inviertan en México: “La reforma judicial no pone en riesgo sus inversiones… no tengo interés en controlar al Poder Judicial…no deben temer…la reforma es para fortalecer al estado de derecho…”, les dijo Claudia. Y…mientras se esforzaba en contarles el cuento de las bondades de la Reforma, afuera del palacio amurallado, los trabajadores del poder judicial le tumbaban la puerta. El discurso político, bienintencionado de la presidente, contrasta con las realidades que siembran dudas e incertidumbre. En buen mexicano… del dicho al hecho hay mucho trecho… ¿Qué pensaron esos inversionistas al ver la jocosa tómbola de la justicia senatorial? ¿Qué pensaron al ver que, mediante una rifa, se despiden a 850 magistrados y jueces federales? ¿Qué pensaron, esos neoliberales, de ese espectáculo bufo, demencial e inédito en el mundo de la política? Ellos saben que, con la Reforma, no se mejorará la impartición de la justicia, no se acabará la corrupción y no se fortalecerá la autonomía del poder judicial. La presidente no trató ayer con niños de kínder; estuvo frente a tiburones que pelean sin miramientos por los mercados; trató con capitalistas informados que meten su dinero en donde sus inversiones les reditúan utilidades y están seguras. La incertidumbre de los inversionistas crece si, al despapaye de la reforma judicial, se le agrega que la señora presidente promueve la desaparición de los organismos reguladores y autónomos que limitaban los desenfrenos del presidencialismo mexicano. Las condiciones objetivas, como dicen los marxistas, no están dadas para la inversión: certeza jurídica, regulación, libre mercado, división de poderes, seguridad, infraestructura… Ayer se anunciaron 20 mil millones de dólares de inversión… en el corto plazo, se requieren 60 mil millones. Son muchos los retos financieros del incipiente gobierno: Deuda pública creciente con respecto al PIB. El déficit de 5.9%; el mayor en varios lustros. Las pensiones; una bomba de tiempo a punto de estallar. Decir que sí hay dinero, cuando no lo hay y, no promover una reforma fiscal. Sin dinero, las participaciones federales disminuirán de manera dramática y, para cubrir todos los programas sociales, se tendrá que recurrir a más endeudamiento. El principal problema: no se puede gobernar el México de 2024 con ideas de 1970. Son otros tiempos y, como dicen los marxistas, a quienes deberían hacerles caso: “A cada modo de producción corresponde un modo de administración”. Imagen tomada de Vanguardia.