Las aerolíneas baratas y el futuro de los viajes

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Esta semana Spirit Airlines anunció el cese definitivo de sus operaciones. Luego de meses de incertidumbre y una segunda quiebra en menos de un año, la aerolínea de bajo costo emitió un comunicado el 2 de mayo confirmando lo que muchos temían: todos los vuelos cancelados, el servicio al cliente cerrado y más de 17,000 empleados directos e indirectos sin trabajo. Esta es la primera gran aerolínea estadounidense en quebrar en 25 años. Miles de pasajeros se vieron obligados a improvisar. Delta, United, Southwest, JetBlue y American ofrecieron tasas preferenciales para los varados. Y en medio de todo este revuelo, merece la pena preguntar: ¿quién decide qué aerolíneas viven y cuáles mueren? En este caso, no fue decisión del consumidor, así que vayamos al principio. En 2022, JetBlue ofreció $3.8 mil millones para adquirir Spirit. Esta operación habría creado la quinta aerolínea más grande de Estados Unidos, con capacidad de disputar a las big four: American, Delta, United y Southwest. Pero en enero de 2024, el Departamento de Justicia (la agencia federal que aplica las leyes antimonopolio en EE.UU.) frenó la fusión argumentando que “perjudicaría al consumidor”. La Comisión Federal de Comercio (la contraparte regulatoria) había presionado desde meses antes y el juez falló a favor del gobierno y bloqueó la unión. La senadora Elizabeth Warren celebró esa decisión. Incluso en 2024 publicó que esa fusión representaría “menos vuelos y tarifas más altas.” Pero dos años después, sin Spirit en el mapa, el resultado es precisamente ese. Ahora veamos las cifras. Las cuatro principales aerolíneas estadounidenses controlan el 76% del mercado (American 22%, Delta 19%, Southwest 18%), antes de su colapso, Spirit manejaba apenas el 1.8%. La supuesta amenaza era falsa, y la decisión del DOJ protegió el oligopolio. Algo similar ocurre al otro lado del Atlántico. Aunque en el Viejo Continente, la excusa no es la competencia sino el medio ambiente, el resultado es casi idéntico. Ryanair anunció el recorte de 3 millones de asientos en Europa en 2026, por los excesivos costos regulatorios de la Unión Europea. Los que hemos volado en Spirit o Ryanair sabíamos exactamente lo que comprábamos. Un vuelo sin lujos pero que nos llevaba a nuestro destino a un precio más accesible. Hoy esa posibilidad se pierde. Lo visible, una aerolínea menos. Lo invisible, las rutas que ya no existen, los boletos que duplicarán sus precios… Porque cada vez que un político promete “proteger al consumidor”, en realidad, nunca lo hace. *****Directora de FEE Studios.