La pregunta la hace un ex líder cañero, un izquierdista fogueado en la lucha social, un crítico severo del autoritarismo de López Obrador, decidido a recorrer el país para saber si los mexicanos ya nos rendimos o estamos dispuestos a refundar a la nación. Acosta Naranjo y distintas organizaciones ciudadanas hacen la propuesta cuando el gobierno está a punto de asaltar al Poder Judicial y dar un golpe mortal a la columna vertebral de las instituciones democráticas. Cuando el INE y el Tribunal Electoral pueden claudicar ante la presión del gobierno para que otorguen a Morena la sobrerrepresentación que constitucionalmente no merece pero que necesita para apoderarse del Congreso. Aparece cuando el PAN, PRI y PRD están sumergidos en la peor crisis interna de su historia, dedicados a zopilotear sobre sus propios restos y cuando su achicada visión les ha impedido ser una opción frente al populismo oficialista. Se asoma una alternativa política distinta cuando el presidente está decidido a aniquilar la independencia del Poder Judicial a través de una reforma que tiene como principal objetivo echar a la calle a ministros y jueces que le estorban. Aflora cuando el país está a punto de entrar a un régimen bicéfalo donde habrá una presidenta de ornato y un presidente en la sombra que seguirá dando órdenes. Cuando habrá un gabinete partido en dos. Uno, el más técnico, nombrado por ella y otro, el de más peso político, impuesto por él y cuya misión será terminar de desmontar las instituciones democráticas como el INE y los órganos autónomos. Nacería, entonces, un nuevo partido para reconstruir la democracia, los cimientos de la república y la división de poderes. Para recuperar el Estado de Derecho y la institucionalidad del país. Y tal vez lo más importante: para poner a salvo las libertades de los mexicanos. El clima es propicio para que crezca una corriente política que sepa movilizar a las víctimas del obradorato. A los miles de huérfanos de la pandemia, a las madres buscadoras, a quienes han pagado con sangre y miedo la complicidad del régimen con el crimen organizado, a los científicos y académicos perseguidos, a las iglesias discriminadas, a los periodistas acosados, a los militares humillados. Hay un ejército social de decepcionados, desencantados y excluidos regado por todo el territorio nacional y cuyas causas pueden ser el combustible de una locomotora imparable para rescatar a México de la cárcel autoritaria del obradorato. Acosta Naranjo ha dicho: “Esta batalla no es entre izquierda y derecha sino entre demócratas y autoritarios”. El gran riesgo de perder al país ha hecho que por encima de cualquier diferencia ideológica se defienda una sola causa: la democracia. Podemos estar ante el nacimiento de una corriente política que recupere la identidad de un país que, en medio de su pluralidad y mestizaje supo estar siempre unido hasta que López Obrador llegó a inyectarle veneno. Para México y el Frente Cívico Nacional vienen importantes batallas. Una de ellas: esquivar el misil que lanzaran desde Palacio Nacional para impedir la construcción de un partido distinto que pueda quitar a Morena el monopolio del poder. ****Directora de la Revista Siempre.