Los desafíos de seguridad del Mundial de futbol

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Por Alicia Gutiérrez González La seguridad del Mundial de futbol de 2026 representará uno de los mayores desafíos operativos para México en las últimas décadas. El país será sede de 13 encuentros distribuidos entre sus tres ciudades anfitrionas: cinco partidos en la Ciudad de México y cuatro tanto en Guadalajara como en Monterrey. Se trata de la edición más ambiciosa en la historia de la Copa del Mundo, con 48 selecciones participantes y 104 partidos. El torneo comenzará el 11 de junio de 2026 en el Estadio Ciudad de México —nombre oficial que recibirá el histórico Estadio Azteca durante la competición—, donde se celebrará la ceremonia inaugural organizada por la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Posteriormente, la selección mexicana disputará el partido inaugural frente a Sudáfrica. La magnitud del evento, la concentración de aficionados nacionales y extranjeros, y la complejidad logística de coordinar tres sedes simultáneas convertirán la seguridad en un componente central del éxito organizativo del torneo. La seguridad multidimensional del Mundial La seguridad del Mundial trasciende las consideraciones tradicionales de orden público y protección física. De acuerdo con el concepto de seguridad multidimensional adoptado por la Organización de los Estados Americanos en 2003, los riesgos contemporáneos abarcan dimensiones económicas, sanitarias, ambientales, sociales y digitales que interactúan entre sí y pueden amplificarse rápidamente en tiempo real. La magnitud internacional del torneo incrementa esta complejidad. Millones de espectadores, tanto presenciales como virtuales, estarán conectados a través de plataformas digitales y medios de comunicación, lo que multiplica el impacto potencial de cualquier incidente. En este contexto, los desafíos de seguridad ya no se limitan a amenazas políticas o económicas convencionales, sino que incluyen ciberataques, campañas de desinformación, emergencias sanitarias, afectaciones ambientales y riesgos asociados a la gestión de grandes concentraciones de personas. México y sus tres Copas del Mundo: 1970, 1986 y 2026 México se convertirá, en 2026, en el primer país en la historia en albergar tres Copas del Mundo de la FIFA. Esta condición excepcional no solo refleja la experiencia organizativa del país, sino también la manera en que cada torneo ha quedado asociado a momentos clave de su historia política, económica y social. El Estadio Azteca —que durante el torneo llevará oficialmente el nombre de Estadio Ciudad de México— ocupa un lugar central en ese legado. Como destaca la FIFA, se trata de uno de los recintos deportivos más emblemáticos del mundo, escenario de dos partidos inaugurales y dos finales de la Copa del Mundo, además de diecinueve encuentros mundialistas, una cifra récord. Su historia está ligada a algunas de las figuras más icónicas del futbol internacional, entre ellas Pelé y Diego Armando Maradona. De igual forma, el ahora denominado Estadio Banorte —por el patrocinio de dicho banco por 2100 millones de pesos para su remodelación—, también ha albergado eventos musicales de gran envergadura, como un concierto de Michael Jackson, y ceremonias religiosas, como la encabezada por el papa Juan Pablo II. El Mundial de 1970 proyectó una imagen de modernización y estabilidad internacional apenas 2 años después de la represión del movimiento estudiantil de 1968 y de la realización de los Juegos Olímpicos. Dieciséis años más tarde, la Copa del Mundo de 1986 quedó marcada por la consagración de Maradona y su célebre “mano de Dios”, en un contexto de severa crisis económica y cuando la Ciudad de México aún enfrentaba las secuelas del devastador terremoto de 1985. La edición de 2026 se desarrollará en circunstancias muy distintas. Aunque contará con figuras de alcance mundial, como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, los desafíos trascienden el terreno de juego. La expansión de las redes sociales, la velocidad de la desinformación digital, las amenazas cibernéticas y la capacidad de movilización de actores sociales y políticos convertirán a la seguridad informativa y tecnológica en componentes tan relevantes como la protección física de las sedes y de los millones de aficionados que seguirán el torneo en todo el mundo. Ventajas y desventajas de ser sede mundialista La organización de una Copa del Mundo genera importantes oportunidades económicas y de proyección internacional para el país anfitrión. En el caso de México, la Secretaría de Turismo estima la llegada de alrededor de 5.5 millones de visitantes adicionales y una derrama económica superior a los 60 000 millones de pesos. A ello se suman inversiones en infraestructura urbana y de transporte, la creación temporal de empleos, el fortalecimiento de la conectividad entre ciudades y una mayor visibilidad internacional del país como destino turístico y de negocios. Sin embargo, los beneficios del torneo también vienen acompañados de riesgos y costos significativos. La concentración masiva de visitantes y de recursos puede incrementar la incidencia de fraudes, estafas, extorsiones y otras actividades ilícitas, incluidas aquellas vinculadas a grupos de delincuencia organizada. Asimismo, la expansión de las plataformas digitales y las redes sociales aumenta la vulnerabilidad frente a campañas de desinformación, rumores y operaciones de manipulación informativa capaces de afectar tanto la percepción pública como la gestión de crisis durante el evento. A estos desafíos se agregan presiones sobre el entorno urbano y ambiental. El aumento de la movilidad, el consumo energético y la actividad comercial puede traducirse en mayores niveles de contaminación atmosférica, visual y auditiva, además de tensiones sobre los servicios públicos y la infraestructura de las ciudades anfitrionas. El reto para las autoridades consiste, por tanto, en maximizar los beneficios económicos y reputacionales del torneo, al tiempo que reducen los riesgos asociados a la seguridad, la gobernanza y la sostenibilidad. Retos de seguridad en la inauguración y las sedes mundialistas La Ciudad de México enfrentará el desafío más visible del torneo. La ceremonia inaugural concentrará, en un espacio geográfico relativamente reducido y durante un corto periodo, la operación aeroportuaria, los sistemas de transporte, los corredores de movilidad, las actividades del Fan Festival de la FIFA y las posibles expresiones de protesta social. A ello se suma la presión derivada de las obras de infraestructura y modernización que continúan desarrollándose en distintos puntos de la capital. La coordinación interinstitucional y la capacidad de respuesta ante incidentes serán factores determinantes para el éxito de la jornada inaugural. Guadalajara afronta retos de naturaleza distinta. Además de garantizar la seguridad de los visitantes y la operación del torneo, la ciudad llegará al Mundial en medio de una creciente atención internacional sobre la crisis de desapariciones y violencia que afecta a Jalisco. Diversas investigaciones periodísticas han documentado el hallazgo de fosas clandestinas —incluso en las inmediaciones del estadio mundialista— y cientos de cuerpos en la entidad durante los últimos años, una realidad que podría influir en la percepción internacional sobre la seguridad de la sede. Monterrey, por su parte, enfrentará principalmente desafíos relacionados con la conectividad metropolitana y la movilidad urbana. La capacidad para trasladar de manera eficiente a miles de aficionados entre el estadio, los hoteles, los centros de entretenimiento y el aeropuerto pondrá a prueba la infraestructura de transporte de la zona metropolitana. En las tres ciudades anfitrionas, la movilidad constituye una dimensión central de la seguridad multidimensional. El cierre de una vía estratégica, una manifestación, un fenómeno meteorológico o un cuello de botella en los sistemas de transporte pueden provocar aglomeraciones, retrasos operativos y tensiones que afecten tanto la experiencia de los asistentes como la percepción internacional de la organización del torneo. La dimensión sanitaria tampoco puede descartarse. En un contexto de creciente movilidad internacional, los sistemas de vigilancia epidemiológica deberán mantenerse atentos a posibles riesgos de salud pública. La circulación de delegaciones, turistas y personal operativo procedentes de múltiples regiones del mundo exige mecanismos de monitoreo y coordinación capaces de responder con rapidez ante eventuales contingencias sanitarias, evitando que incidentes localizados adquieran una dimensión internacional. Tal es el caso del brote de ébola registrado en mayo de 2026 en la República Democrática del Congo y Uganda, el cual fue declarado como emergencia de salud pública de importancia internacional, aunque no pandémica, por la Organización Mundial de la Salud. Cabe mencionar que el Congo disputará un partido, contra Colombia, el 23 de junio en Guadalajara. Sostenibilidad y seguridad medioambiental en las sedes mundialistas La seguridad del Mundial de 2026 también estará condicionada por factores climáticos y medioambientales. El torneo se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026, un periodo que coincide con la temporada de calor y lluvias en gran parte de México. Diversos estudios han advertido sobre los riesgos asociados a las altas temperaturas. Un análisis de World Weather Attribution estimó que aproximadamente una cuarta parte de los 104 partidos podría disputarse bajo condiciones de calor y humedad que superan los niveles recomendados para la práctica deportiva de alto rendimiento. Asimismo, una investigación publicada en Scientific Reports identificó a Monterrey entre las sedes con mayor riesgo de estrés térmico extremo. En este contexto, el calor, las precipitaciones intensas, los protocolos de evacuación, la hidratación de los asistentes y la capacidad de respuesta de los servicios médicos formarán parte de una agenda de seguridad tan importante como la protección física de los estadios. Los fenómenos meteorológicos extremos ya no constituyen riesgos excepcionales, sino variables permanentes en la planificación de eventos masivos. El desafío para México trasciende la protección de estadios y selecciones nacionales. La sostenibilidad también ocupa un lugar relevante en la estrategia organizativa del torneo. A diferencia de otras ediciones mundialistas, México optó por remodelar los estadios existentes —el Estadio Banorte de la Ciudad de México, el Estadio Akron de Guadalajara y el Estadio BBVA de Monterrey— en lugar de construir nuevos recintos. Esta decisión permitió reducir el consumo de materiales, energía y agua, así como minimizar la generación de residuos asociados a grandes proyectos de infraestructura. Las tres sedes han desarrollado iniciativas específicas de sostenibilidad. En la Ciudad de México, la estrategia “Mundial Verde: con juego limpio, el planeta gana” contempla acciones orientadas a la reducción de plásticos de un solo uso, la gestión de residuos, la movilidad sostenible y la disminución de emisiones contaminantes. Guadalajara busca fortalecer corredores ecológicos y programas de sostenibilidad comunitaria, mientras que Monterrey ha puesto el énfasis en la resiliencia climática mediante proyectos de reforestación urbana y gestión eficiente de los recursos hídricos. No obstante, la huella ambiental del torneo seguirá siendo considerable. Diversas estimaciones señalan que la Copa del Mundo podría generar nueve millones de toneladas de dióxido de carbono, principalmente por el transporte aéreo de selecciones, personal operativo y aficionados. De acuerdo con el New Weather Institute, las emisiones de efecto invernadero derivadas de los desplazamientos internacionales podrían incrementarse de manera significativa respecto a ediciones anteriores. El desafío para los organizadores consistirá en equilibrar los beneficios económicos y deportivos del torneo con la necesidad de reducir su impacto ambiental y fortalecer la resiliencia de las ciudades anfitrionas frente a los efectos del cambio climático. Protesta social, fraude digital y confianza pública La seguridad del Mundial de 2026 también estará condicionada por factores políticos y digitales que trascienden la protección física de las sedes. Entre ellos destaca la protesta social, un elemento inherente a cualquier sociedad democrática. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación anunció un paro nacional indefinido a partir del 1 de junio de 2026, acompañado de marchas y plantones en distintos puntos del país. Este escenario obligará a las autoridades a equilibrar dos objetivos igualmente legítimos: garantizar el derecho a la libre manifestación y preservar el funcionamiento de corredores estratégicos, sistemas de transporte e instalaciones vinculadas al torneo. El desafío consistirá en gestionar la movilización social sin afectar de manera significativa la experiencia de visitantes, delegaciones y aficionados, evitando al mismo tiempo que la seguridad del evento se convierta en un argumento para restringir derechos fundamentales. En el ámbito digital, el fraude representa uno de los riesgos más inmediatos para millones de personas que adquirirán boletos, vuelos, paquetes turísticos y hospedaje a través de internet. La proliferación de sitios apócrifos, perfiles falsos en redes sociales y solicitudes de pago urgente constituye una amenaza creciente en eventos de gran escala. El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México ha alertado sobre páginas fraudulentas relacionadas con la venta de boletos para el Mundial, así como sobre diversas modalidades de engaño difundidas en plataformas digitales. En los casos analizados por ese organismo, una proporción significativa de las incidencias estuvo vinculada a redes sociales, mientras que la mayoría de los fraudes denunciados llegó a consumarse. Las consecuencias de estas prácticas van más allá de las pérdidas económicas individuales. Un boleto falso puede provocar aglomeraciones en los accesos a los estadios, saturar los módulos de atención, generar conflictos operativos y deteriorar la confianza de los aficionados en los canales oficiales de información y venta. A ello se suma el desafío de la desinformación. El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial identifica la desinformación y la ciberinseguridad entre las amenazas de corto plazo más relevantes para gobiernos, empresas y sociedades. En un evento seguido por miles de millones de personas, la difusión de noticias falsas, rumores sobre incidentes de seguridad o información manipulada sobre transporte, hospedaje y acceso a las sedes puede generar efectos reales sobre el comportamiento colectivo. La protección de la confianza pública será, por tanto, tan importante como la protección de la infraestructura física. En el Mundial de 2026, la seguridad también se jugará en el terreno de la información. El Plan Kukulkán y los límites de la seguridad operativa El Plan Kukulkán constituye el principal instrumento de seguridad diseñado por el Estado mexicano para la Copa Mundial de futbol de 2026. Presentado como el primer escudo operativo del torneo, el plan integra a más de veinte dependencias federales, coordina acciones con los gobiernos de la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León, y contempla mecanismos de cooperación con Canadá, Estados Unidos y la FIFA. Asimismo, incorpora simulacros, monitoreo permanente, sistemas de alerta temprana y protocolos de respuesta ante contingencias. El dispositivo prevé el despliegue de cerca de 100 000 elementos de seguridad, así como la instalación de cinturones de protección, vigilancia aérea y sistemas antidrones en estadios, aeropuertos, hoteles, centros de entrenamiento y zonas de Fan Festival. Esta capacidad operativa resulta indispensable para reducir riesgos inmediatos y fortalecer la capacidad de reacción ante incidentes. Sin embargo, la magnitud del despliegue no debe confundirse con una garantía absoluta de seguridad. Un perímetro eficazmente protegido puede coexistir con vulnerabilidades fuera de él. En última instancia, la coordinación institucional, más que el volumen de recursos desplegados, será el factor que determine el éxito de la estrategia. El Plan Kukulkán está diseñado para reducir la exposición táctica en instalaciones críticas y corredores de movilidad, pero existen amenazas que rebasan su ámbito de competencia. Problemas estructurales como las desapariciones, la extorsión, la protesta social, el fraude digital, los riesgos sanitarios o los daños reputacionales dependen de la actuación coordinada de autoridades estatales y municipales, fiscalías, instituciones de salud, organismos de protección civil y áreas especializadas de comunicación gubernamental. La experiencia internacional demuestra que los riesgos más complejos suelen surgir cuando distintas amenazas se combinan entre sí. Un boleto fraudulento puede provocar aglomeraciones en los accesos; una protesta en un corredor estratégico puede alterar la movilidad de miles de personas; un caso sanitario sospechoso puede desencadenar una crisis mediática internacional; una tormenta intensa puede obligar a reubicar contingentes de aficionados, y una falla en los sistemas digitales puede erosionar la confianza en los canales oficiales de información. Ninguno de estos escenarios puede eliminarse por completo, pero sí es posible reducir su capacidad de propagarse de una dimensión a otra mediante mecanismos eficaces de prevención y coordinación. En este sentido, la seguridad multidimensional no debe evaluarse únicamente por el número de elementos desplegados o por el nivel de sofisticación tecnológica disponible. Su verdadera medida radica en la capacidad de anticipar riesgos, coordinar respuestas entre distintos niveles de gobierno y preservar la continuidad operativa del evento frente a contingencias de naturaleza diversa. El desafío para México trasciende la protección de estadios y selecciones nacionales. La prueba de fondo será demostrar ante la comunidad internacional que el país no solo es capaz de garantizar la seguridad durante 90 minutos de juego, sino también de gestionar la complejidad política, social, sanitaria, digital y ambiental que acompaña a uno de los mayores acontecimientos deportivos del planeta. ***Doctora en Derecho Internacional, Europeo, Ambiental y Económico por la Georg-August Universität, Gotinga, Alemania. Es investigadora en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México. Además, es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), nivel II, Imagen: Freepik.