Los excluidos

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Los tradicionales “tacos de borrego del ferrocarril” son famosos en Mexicali. Sobre ellos se han hecho reportajes internacionales y son un referente de la avenida ferrocarrileros. A pocos metros de las carretas, a cualquier hora del día, se acuestan decenas de ‘personas en condición de calle’. Quienes pasan por ahí los ven con indiferencia, como si fueran parte del paisaje, aún cuanto las temperaturas alcanzan los 50°C. El año pasado murieron por golpe de calor 43 personas, «indigentes», les llaman las autoridades. Este año, oficialmente, van 11. ¿Quiénes son los muertos? ¿Cuál es su historia de vida? Esas son ‘nimiedades’ que a nadie le importan. “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión”, escribió el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en 2014. La economía de exclusión mata; es un fenómeno social diferente a la explotación y la opresión. Los excluidos no son explotados sino «desechos, sobrantes, basura humana», decía el Papa. En la sociedad de mercado, el ser humano es un simple bien de consumo, una mercancía, que se puede usar y después tirar. Para sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad que no nos incumbe. La exclusión social se manifiesta con crudeza en las calles de nuestro estado, «receptor de migrantes», a quienes, eso sí, les esculpimos horridos cíclopes en las glorietas. En banquetas, camellones, deambulando por las calles con una cobija y un perro, se pueden observar a cientos de humanos morir de sed, hambre y calor. Seres ‘hechos a imagen y semejanza de Dios’, «excluidos del reino terrenal», sin horizontes de vida, «desechos humanos», cuya única esperanza real es la muerte.