Los rugidos de tigre europeos

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Por Harry Phibbs Polonia fue fundamental en la caída del comunismo en Europa. Las protestas de Solidaridad en la década de 1980 dieron esperanza de que el cambio político era posible, incluso entre quienes temían que los Estados totalitarios pudieran volverse permanentes con sus estructuras monolíticas. El posterior éxito de Polonia como nación libre sirve de ejemplo para otros. Qué contraste con Rusia, que también derrotó al comunismo y, sin embargo, sigue aquejada por la pobreza, la tiranía y una política exterior agresiva. Quizá lograr las condiciones para la libertad y la prosperidad en Rusia siempre iba a ser más complicado. Incluso tras la disolución de la Unión Soviética, seguía siendo un país enorme. Hablamos de “Rusia”, pero la Federación Rusa es la entidad política que surgió en 1991. Tiene 11 zonas horarios y existen 21 repúblicas además de Rusia propiamente dicha, que hablan distintos idiomas y donde, en muchos casos, los rusos son minoría étnica. En Rusia tampoco existía una memoria institucional del capitalismo. El país había sido comunista desde la revolución de 1917. Incluso antes de eso, era un Estado semifeudal. El zar Alejandro II decretó la abolición de la servidumbre en 1861. Existían la banca, la industrialización y la propiedad privada. Sin embargo, aun antes de que los bolcheviques tomaran el poder, no había lo que hoy conoceríamos como un sistema capitalista plenamente desarrollado. Cuando Polonia se liberó del comunismo en 1989, había millones de personas que recordaban haber dirigido negocios privados antes de la guerra. No es que las condiciones hubieran sido fáciles en ese país en la década de 1930; la costumbre del gobierno de nacionalizar empresas extranjeras hacía naturalmente difícil atraer inversión extranjera. Además, existía el autoritarismo, un antisemitismo considerable y tensiones con otros grupos minoritarios. Aun así, era un país fundamentalmente capitalista. Adicionalmente, el crecimiento económico reciente de Polonia se compara favorablemente con el de sus vecinos más pequeños, y no solo con Rusia. El Grupo de Visegrado incluye a Polonia, la República Checa, Hungría y Eslovaquia: dentro de este grupo, Polonia creció un 3.6% el año pasado; la República Checa un 2.5%; Eslovaquia un 0.8%; Hungría apenas un 0.3%. Entre otros países, Rumanía registró un crecimiento de solo 1% el año pasado. En los Estados bálticos, Estonia creció un 0.6%; Letonia alcanzó un 1%; Lituania fue algo más fuerte, con un 2.7%. Por supuesto, pueden haber fluctuaciones anuales, pero se prevé que a Polonia le vaya aún mejor este año, con un crecimiento estimado del 3.6%. El éxito económico del país es una tendencia, no un episodio aislado. El economista británico Roger Bootle señala que Polonia debería compararse ahora con las economías capitalistas consolidadas de Europa Occidental. Escribiendo en el Daily Telegraph de Londres, afirma: El año pasado el Reino Unido creció un 1.3%, mientras que Francia, Italia y Alemania registraron crecimientos de 0.9%, 0.7% y 0.4%, respectivamente. Pero buscar inspiración en esas partes de Europa es mirar en el lugar equivocado. Si miráramos hacia el este, hacia Polonia, veríamos un panorama completamente distinto. La mayoría de los británicos no se da cuenta del grado en que Polonia se ha transformado. El año pasado, su crecimiento económico fue del 3.6%, y se ha convertido en la vigésima economía más grande del mundo, por lo que debería formar parte del G20. Su reciente impulso de crecimiento significa que su economía es mayor que la de Suecia, Suiza y Taiwán. A comienzos de este siglo, se volvió habitual en Londres ver constructores polacos trabajando arduamente en proyectos de construcción. Estos mismos podrían ganar mucho más que en Polonia y así ahorrar con rapidez lo suficiente para regresar a casa y comprar una vivienda o iniciar un negocio. Bootle añade: Es bien sabido que bastantes polacos han regresado a su país en los últimos años, pero lo que muchos británicos no saben es que algunos de sus compatriotas ahora también se están mudando a Polonia. En 2015, 41,000 británicos vivían en Polonia. Para 2024, esta cifra había aumentado a 185,000. Polonia goza de una democracia vibrante y tendrá elecciones el próximo año. Sus políticos compiten con intensidad y existen diferencias importantes entre los principales partidos en cuestiones sociales y en su actitud hacia la Unión Europea. El partido opositor Ley y Justicia tiene una vena populista que lo lleva a adoptar una postura más intervencionista y redistributiva que la Coalición Cívica, el partido gobernante. Sin embargo, existe un consenso considerable a favor de un futuro de libre mercado y los partidos socialistas se encuentran en la periferia. El milagro económico polaco, que se ganó el título de “Tigre Europeo”, no es realmente un “milagro”. Fue el resultado de políticas de libre mercado aplicadas con audacia y radicalismo, y sostenidas durante décadas. Leszek Balcerowicz, quien se convirtió en Ministro de Finanzas en 1989, es considerado un héroe. Eliminó rápidamente los controles de precios y los subsidios, se redujeron drásticamente los aranceles para abrir el comercio con el resto del mundo y se levantaron las barreras para crear empresas. La privatización se llevó a cabo mediante vales, con el objetivo de crear una nación de accionistas en lugar de un arreglo corrupto y complaciente que generará oligarcas bajo el modelo de “capitalismo de compinches”. Adicionalmente, el pueblo polaco, que sufrió tanto durante el resto del siglo pasado, también demostró heroísmo con su respuesta. Se mantuvo firme en el programa, a pesar de que el “tratamiento de choque” incluyera ajustes dolorosos como el desempleo para quienes ocupaban puestos públicos que resultaron ser económicamente inviables. La estabilidad en la adopción de la libertad inspiró confianza empresarial tanto dentro como fuera del país. Esto no significa que el país no enfrente desafíos. Polonia está aumentando considerablemente su gasto en defensa por razones evidentes, pero la mayoría de los analistas anticipa que continuará superando a la mayoría de los demás países en su progreso económico. Esta es una excelente noticia. Que Polonia sea más rica no hace a los demás más pobres; en ese sentido, el lenguaje sobre “competidores” internacionales puede resultar engañoso. Sin embargo, aquellos países que se están quedando atrás harían bien en detenerse a reflexionar sobre las razones. ***Harry Phibbs es el editor de Gobierno Local de Conservative Home.