México ganó un partido de fútbol y miles celebran. Los noticieros hablan de la victoria, las redes sociales se llenan de comentarios y los reflectores apuntan a una selección que venció a un rival que deportivamente, estaba lejos de representar una verdadera prueba, Una victoria esperada, casi predestinada. Pero mientras una parte del país festeja en las tribunas, otra llora en silencio en los hogares. Porque existe otro partido que México lleva años perdiendo: el de la seguridad, la justicia y la gobernabilidad. Resulta inevitable observar el contraste. Para resguardar estadios, eventos deportivos y actos de gran exposición mediática, aparecen cientos de policías, operativos especiales, vallas y dispositivos de seguridad. El Estado demuestra que tiene capacidad de movilización cuando se trata de proteger instalaciones o garantizar que un espectáculo transcurra sin contratiempos. Sin embargo, esa misma fuerza parece ausente cuando se trata de proteger a quienes recorren diariamente las carreteras del país, a los transportistas que son víctimas de robos, secuestros y asesinatos; a las madres buscadoras que, ante la ausencia de respuestas institucionales, han tenido que convertirse en investigadoras de sus propios hijos desaparecidos; a las familias que viven con miedo de salir de casa o de no volver a ver a un ser querido. México hoy muestra dos caras: La primera es la del festejo, la de la victoria fácil, la de los discursos triunfalistas y las fotografías de celebración. La segunda es la de los miles de mexicanos que enfrentan una realidad marcada por la violencia, la impunidad y el abandono. Y mientras se celebra un triunfo deportivo que durará unos días en la memoria colectiva, hay derrotas mucho más profundas que permanecen abiertas durante años. Derrotas que no se miden en goles, sino en vidas perdidas; no se reflejan en un marcador, sino en sillas vacías en las mesas familiares; no generan aplausos, sino lágrimas. Quizá el verdadero desafío para México no está en ganar partidos contra rivales inferiores. El verdadero reto es ganar en la cancha donde más importa: la de la seguridad, la justicia y la paz. Porque un país puede celebrar una victoria deportiva por noventa minutos, pero ninguna nación puede considerarse verdaderamente vencedora mientras sus ciudadanos sigan perdiendo la vida, la tranquilidad y la esperanza. Ese es el contraste que duele. Las dos caras de un mismo México: uno que festeja goles y otro que sigue contando ausencias. ****David Estévez Gamboa, dirigente nacional de la ANTAC, agrupación que representa principalmente a operadores independientes y pequeños transportistas.