Minimizar, Negar, Deformar

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Ya se ha escrito hasta el cansancio que la realidad acaba por imponerse al discurso aún cuando tarde en hacerlo y aún cuando al momento de imponerse se haya perdido un tiempo invaluable. Si no por convicción y ética pública, al menos por pura practicidad, los gobiernos deberían escuchar y aceptar la crítica. No lo tienen que hacer públicamente si les parece que eso bajaría su popularidad. Con que lo hagan por atrás -sí, en lo oscurito- y actúen en consecuencia bastaría. Llevamos casi ocho años en que los problemas se minimizan, se niegan o se deforman. Acompaña a esta “estrategia” el vicio de que en caso de reconocer un problema -educativo, sanitario, económico o de cualquier otro orden- su origen y persistencia y, por tanto, su responsabilidad, no es cosa suya sino de sexenios anteriores. Esto a 8 años de un supuesto cambio de régimen en el que se acabó la corrupción, la impunidad, la injusticia, el autoritarismo, el desprecio a la legalidad y la disolución entre el poder económico y el poder político. Todo por usar se acaba y acaba por no servir. La narrativa gubernamental ya está en rendimientos decrecientes. Cuando un problema se ignora, se desconoce o se desdeña deja de ser atendido. No hubo un solo problema que López Obrador reconociera como propio. Sheinbaum ha hecho una excepción en la política contra la violencia. Ha reconocido en la práctica que todos aquellos que denunciaron, presentaron evidencia y dieron argumentos en contra de la “política de abrazos, no balazos”, estaban en lo correcto. Corrigió el rumbo y puso al frente de la lucha anticrimen a un profesional. Combinó capacidad y lealtad; apertura y colaboración; diagnósticos difíciles de tragar y acciones a implementar. Corrigió el rumbo y puso al frente de la lucha anticrimen a un profesional. El último episodio del juego de la negación es el del reporte de la ONU sobre desapariciones forzadas. En México se minimiza la situación, aunque a ojos de todos, la realidad de 132 mil desaparecidos, 72 mil restos humanos en espera de ser identificados y más de 4,500 mil fosas clandestinas sea aterradora. Como ha dicho Santiago Corcuera: deplorable, lamentable y lastimosa la respuesta del gobierno de México a la resolución del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada. De la CNDH, ni hablar. Nadie puede decir que la ONU es anti 4-T ni que quiera desestabilizar al gobierno de Sheinbaum. Si se ha solicitado al Secretario General de la ONU que remita a la Asamblea General la situación que vive México es para que se generen apoyos y colaboración técnica porque el país no ha tenido la capacidad de frenar lo que ya se denomina como crímenes de lesa humanidad. El reporte ni siquiera señala a personas u organismos como los responsables directos o individuales de las desapariciones forzadas. México, como siempre a la defensiva. El 2 de abril, el gobierno dio respuesta a la solicitud de la Comisión. Minimizan, niegan y deforman el reporte. De qué sirve, deberían preguntarse en el gobierno, decir que “la postura internacional es acomodaticia”. En qué se avanza calificando al panel de la ONU como “un grupo de expertos independientes sin análisis histórico”. Qué agrega echarles en cara que su decisión se basa en peticiones de “algunas ONGs caracterizadas por manipulación de las demandas en materia de derechos humanos”. Qué aporta decir que desde que llegó AMLO al poder “la desaparición forzada dejó de ser una política de Estado”. El contenido del reporte además de registrar una situación dramática y en expansión lo que hace es ofrecer apoyo internacional para “la cooperación técnica, el apoyo financiero y la asistencia especializada que el país requiere para las operaciones de búsqueda, análisis forense e investigación exhaustiva de las desapariciones forzadas y de los vínculos entre funcionarios públicos y el crimen organizado”. Lo hace subrayando que esta colaboración estaría subordinada a las decisiones de las autoridades mexicanas. Todo como le gusta a Sheinbaum y como lo ha repetido en su relación con Trump: colaboración sin subordinación” o “colaboración sin cesión de soberanía” Los gobiernos de la 4-T desprecian, ignoran y descalifican todo diagnóstico que no salga de sus filas o que no les resulte halagador. Hay una excepción: la de la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX. En el último año hemos sido testigos de los reportes productos de Índices de Percepción de la Corrupción, de Impunidad, de Democracia, de Libertad de Expresión, de Libertad de Prensa, de Estado de Derecho, de Confianza en Instituciones, de Riesgo Político, de Riesgo País, de la OCDE, de Educación y muchos más. Todos estos reportes podrán tener algunas fallas, pero lo que dicen se acerca mucho más a la verdad que la infodemia de las mañaneras. Pocas veces se han podido refutar desde este sitio las investigaciones de los periodistas, de los órganos de la sociedad que se dedican a buscar información o de los reportes internacionales. En el mejor de los casos, se dice que ellos tienen otros datos, que eso viene del pasado, que están sesgados o que se va a revisar. Pocas veces se han podido refutar desde este sitio las investigaciones de los periodistas, de los órganos de la sociedad que se dedican a buscar información o de los reportes internacionales. Nos guste o no los índices internacionales ya sean de universidades, organizaciones privadas u organismos internacionales son un referente para la toma de decisiones. En México la rendición de cuentas se ha vuelto casi inexistente. La poca que hay se basa en la labor de las organizaciones de la sociedad, universidades, colegios de profesionistas, think tanks, y organismos internacionales. Ninguna tiene mérito a ojos del gobierno. Sé que sería demasiado pedir que saliera el gobierno a reconocer los malos indicadores, a reconocer cómo México va desplomándose en cada uno. Lo que no estaría mal es que la presidenta montara un equipo sin compromisos políticos ni visibilidad pública, sin filias y sin fobias, sin lealtades y sin agendas ocultas, que revisara todo lo que analizan, develan y relatan estos reportes y que, en sesiones privadas, le informaran que algo tienen de verdad y que algunas de las recomendaciones son apropiadas. Con la narrativa se pueden ganar batallas momentáneas, pero la realidad se impone o, como dice Jorge Castañeda, lo que importa al final no es lo que se dice sino lo que hay. Y lo que hay es desolador.