“Ministros Grand Cherokee”

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Nueve camionetas de gran lujo acabaron con la gran farsa. Los vehículos “todo terreno” que iban a recibir los ministros de la “nueva Corte” demostraron que la corrupción no fue lo que motivó la destrucción del anterior tribunal constitucional. Queda ahora comprobado y demostrado que la “campaña negra” encabezada por López Obrador y Claudia Sheinbaum en contra de los ministros y jueces anteriores fue una vulgar artimaña para ocultar el verdadero trasfondo de la reforma judicial: colocar en la Corte a sirvientes obedientes que sirvan a los intereses del autoritarismo. El régimen prefabricó acusaciones, frases obscenas, desfiles con ataúdes y obras de teatro callejeras para denigrar a ministros dedicados a defender la Constitución y la autonomía del Poder Judicial frente a dos autócratas interesados en destruir los contrapesos constitucionales. Las imágenes de las camionetas Grand Cherokee −adquiridas para la “seguridad” de los “ministros y ministras del pueblo”− traen a la mente la insidia venenosa y “tropicalera” del obradorato en contra de Norma Piña, Luis María Aguilar, Juan Luis González Alcántara, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Javier Laynez o el juez Juan Pablo Gómez Fierro. Los ministros cortesanos y ministras cortesanas tienen hambre de dinero y poder. A la “nueva Corte” −como le dice la Presidenta− le gusta el lujo y los privilegios. El 1 de septiembre de 2025 ocuparon sus cargos, impuestos por un “acordeón”, y les bastaron cuatro meses para quedar deslumbrados y sentir que eran merecedores de ya no “andar en Metro”. Devueltas o no las camionetas, arrepentidos o no del exceso, el daño está hecho. De hoy en adelante cada ministro y ministra llevará en la frente el sello de una “gran camioneta”, símbolo de su hipocresía y prueba del engaño y traición a México. Más allá de ser un acto de exceso y frivolidad, el escándalo da un tiro de gracia a la confianza en el Poder Judicial del obradorato que −de acuerdo a la perorata 4T− llegó para “defender los derechos del pueblo”. La confianza en el Poder Judicial es pieza clave en la estabilidad del Estado de Derecho. Hoy, sin embargo, tenemos ministros y ministras sin credibilidad, sin legitimidad y con el prestigio por los suelos. La nación enfrenta una tragedia monumental: una Corte con “jueces acordeón”, cómplices de la cleptocracia, de un gobierno corrupto que los utiliza para destruir la democracia y para acomodar la Constitución al interés de quien les paga sus “patrióticos” servicios con Grands Cherokees.