Al mero estilo de ‘Juan Grabiel’, el presidente López dice que “no pasará nada, nada, nada, nada”; si se aprueba su -deforma al poder judicial-. Le pide al pueblo bueno que no tome en serio a las calificadoras como FITCH o Morgan Stanley… La presidente Claudia ‘Carlota I’ lo secunda: “Con la reforma del presidente López Obrador, va a mejorar el Estado de Derecho y el Poder Judicial será autónomo”. Si… con la aprobación de la deforma no va a pasar nada, nada, nada… Si… la tómbola, el azar, la urna, el voto popular y la sabiduría del pueblo son la solución para mejorar el sistema de justicia… Si… la politización del Poder Judicial y el sometimiento de jueces y magistrados a los intereses de un partido político, son la vía para que la justicia sea pronta, buena y se garanticen los derechos ciudadanos… Si…los jueces y magistrados son tan corruptos como dice el presidente… Si… no habrá incertidumbre jurídica, ni riesgos para la economía del país… Si… como asegura López, “la depreciación del peso es por causas externas, no por la reforma al poder judicial”. Si… todo lo anterior es cierto, si están tan seguros que no le pasará nada a la maltrecha economía; pues que aprueben de una vez -la deforma- los serviles senadores y diputados. ‘Nada más que los de la nada’ no deben olvidar que, descabellos semejantes, han convertido en –nada- la confianza de los inversionistas en México. La confianza no es un producto de la nada; es una abstracción que se crea, que se cultiva a largo plazo con relaciones políticas, sociales y económicas y se materializa en cosas como los tratados comerciales. La confianza, da certeza a los dueños del dinero para invertirlo con determinados socios, en ciertos lugares, momentos y tiempos. Cuando la confianza se pierde, «el dinero», que no tiene alma, corazón ni compasión; emigra en cuestión de segundos a otros lugares más seguros, como ocurrió con la crisis de diciembre de 1994, que dejó a México sumido en la nada. Qué afán tan, pero tan…de destruirlo todo para convertirlo en nada. ¿Nearshoring?... ¿Y tú nieve de qué la quieres? …