La reforma de Claudia Sheinbaum lo dice claro: no habrá un solo peso de inversión en los próximos años para la "unificación de los sistemas de salud" La población adicional (sin seguridad social) que atienda el IMSS o el ISSSTE será con los mismos recursos, personal y hospitales. Más del 55% de los derechohabientes usa el sistema público al que está afiliado (IMSS o ISSSTE). En cambio, solo un tercio de la población sin seguridad social acude al IMSS-Bienestar, optando por atenderse en el sector privado (en los consultorios de las farmacias). Y no es casualidad: el IMSS-Bienestar enfrenta mayor saturación, falta de médicos, infraestructura precaria y desabasto de insumos. La reforma no unifica realmente el sistema de salud. Mantiene distintos servicios y coberturas según la institución, y el “intercambio de servicios” queda a discreción de la autoridad, que decidirá a dónde enviar a los pacientes. Lo más grave: no crea un mecanismo de financiamiento para ampliar hospitales, personal médico o insumos. El resultado será claro: más pacientes, con los mismos recursos. Eso generará saturación, menor calidad en la atención y presión financiera en instituciones como el IMSS y el ISSSTE.