Para Venezuela hay motivos para la esperanza

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Por Daphne Posadas Cuando Hugo Chávez ganó las elecciones en 1998, Venezuela no era perfecta. Pero muchos confiaron en las promesas vacías de un tirano en potencia. Cuando Chávez murió en 2013, muchos pensaban que sería el fin del régimen. Lo que pocos anticipaban era que lo que vendría sería quizá lo más dañino del chavismo con el ascenso de Maduro al poder. El chavismo había superado al hombre; para entonces, era una forma de hacer política caracterizada por la concentración de poder, la corrupción y el colapso económico. Las consecuencias han sido devastadoras, especialmente para nuestros amigos venezolanos: hambre, migración masiva y un profundo deterioro de la vida social y moral. Las promesas vacías convirtieron en polvo lo que alguna vez fueron las reservas más grandes de oro y petróleo del mundo, pero especialmente los anhelos de prosperidad y libertad de millones de venezolanos. Por eso, se ve con esperanza la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia. Pero como dijo el economista Juan Ramón Rallo, es perfectamente compatible celebrar la caída de la tiranía chavista, y al mismo tiempo mirar con ojos críticos cómo desencadenaron los hechos. Hay todavía mucha incertidumbre. Lo cierto es que tiempos recios vienen para Venezuela pero hay motivos para la esperanza: la liberación de los presos políticos, la posibilidad de reunir a millones de familias que el régimen separó y la oportunidad de crear instituciones que devuelvan libertad a un país que tanto la ansía. Imagen: Pintura abstraccionista Nucleus, de Jason Anderson.