¿Se acabó la buena suerte de la inflación de México?

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La inflación es la tasa de crecimiento de los precios y se calcula a partir del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que se compone de 292 productos y servicios llamados genéricos. Dado que algunos de esos genéricos tienen precios volátiles (como los agropecuarios y energéticos), o son tarifas administradas por el gobierno, que no reflejan el proceso de formación de precios, se excluyen para estimar la inflación subyacente, que es la que determina la trayectoria de la inflación general en el mediano y largo plazo. Si se quiere ver hacia dónde va la inflación y qué tan alejada está realmente del objetivo del Banco de México, la inflación subyacente es la buena. En 2025 y lo que va del 2026, la inflación subyacente ha mostrado tendencia de alza. En la segunda quincena febrero (último dato disponible) se ubicó en 4.48% anual, sumando 19 quincenas consecutivas por encima de 4%. Al interior, el subcomponente de mercancías alimenticias mostró una inflación de 6.12% anual, promediando 6.20% en febrero, su mayor tasa desde diciembre del 2023. Aunque esto se debe en parte al efecto del ajuste del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), no se puede desestimar que este subcomponente suma 24 quincenas con una inflación anual por encima del 4% y de esas 24 quincenas, en 19 se ha observado una aceleración respecto al mes previo. Esto implica que las presiones en la inflación subyacente no son recientes y no se deben exclusivamente al aumento del IEPS. Por su parte, los servicios registraron una inflación en la segunda quincena de febrero de 4.46% anual, similar al promedio observado en 2025 de 4.49%, que refleja que se mantiene estancada, sin señales de que se desacelerará pronto. Cabe recordar que la inflación subyacente tiene una ponderación de 76.74% sobre la inflación general e incluye los precios de mercancías y servicios que no son tan volátiles. Por su parte, el componente no subyacente, que incluye los genéricos con los precios más volátiles, tiene una ponderación de 23.26% sobre la inflación general. En 2025, la inflación general cerró (segunda quincena de diciembre) en 3.66%. La relativa estabilidad de los precios se explicó por el componente no subyacente. En todo 2025, la inflación no subyacente promedió 2.84% anual, considerablemente por debajo del promedio de los últimos 10 años de 5.57%. Destaca la inflación de agropecuarios, con una inflación promedio de 2.61% en 2025, por debajo del promedio de 10 años de 6.57%, mientras que los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno registraron una inflación media de 2.83%, por debajo del promedio de los últimos 10 años de 4.75%. Finalmente, los energéticos registraron una inflación promedio de 2.08%, menos de la mitad de la inflación promedio de 5.10% de los últimos 10 años. Esto se debió a una combinación de factores en 2025: Los precios de los energéticos mostraron un comportamiento ordenado a nivel internacional. No hubo choques de oferta ni sorpresas que generaran presiones sostenidas sobre precios. El precio de la gasolina en el mercado de materias primas internacional mostró en 2025 un promedio 11.41% por debajo de lo observado en 2024. Con esto, el componente de energéticos registró una inflación quincenal media de 0.01%, por debajo del promedio de los últimos 10 años de 0.21%. Los precios de productos agropecuarios enfrentaron menores presiones al alza por mayor producción. A finales del 2024 el 38.1% del territorio mexicano sufría de sequía moderada a excepcional, a mediados del 2025 este porcentaje bajó a 21.8% y al cierre del año se ubicó en 9.3%. Esto se tradujo en mayor producción. En 2025, el PIB primario (agricultura, cría, explotación de animales, aprovechamiento forestal, pesca y caza) creció 4.20% anual, acelerándose del crecimiento de 0.39% en 2024. Con esto, el componente de frutas y verduras mostró una inflación quincenal promedio en 2025 de -0.22%, por debajo del promedio en los últimos 10 años de 0.27%, mientras que los pecuarios mostraron una inflación quincenal promedio de 0.21%, por debajo del promedio en los últimos 10 años de 0.24 por ciento. Sin embargo, estos factores que ayudaron a que la inflación no subyacente fuera baja en 2025, no se están repitiendo en 2026. Esto implica que la buena suerte de la inflación pudo haber terminado. Por un lado, en la segunda quincena de febrero, los precios de frutas y verduras mostraron una inflación quincenal de 5.87%, contrario al comportamiento estacional esperado, pues en los 10 años previos el promedio en la primera quincena de febrero fue de -2.93%. Lo anterior se debió a la afectación en la oferta de productos agrícolas de México, como consecuencia de 1) incremento en las exportaciones de este tipo de productos hacia Estados Unidos, por las bajas temperaturas que afectaron la producción en ese país y 2) la falta de cosecha en México, ante la inseguridad pública en algunos estados del país que limita las actividades económicas. El primer factor fue evidentemente temporal, pero la inseguridad pública continúa vigente, por lo que se espera que los precios continúen presionados al alza. A tasa anual, la inflación de frutas y verduras se aceleró a 14.24% en la segunda quincena de febrero, luego de 16 quincenas siendo negativa (hasta la segunda quincena de enero). Con esto, la inflación no subyacente subió a 2.96% anual en la segunda quincena de febrero. Además de todo lo anterior hay un nuevo riesgo: la guerra entre Irán y la coalición de Estados Unidos con Israel. Esta guerra ha desatado presiones al alza sobre los precios de energéticos en el mercado internacional de materias primas, pues se ha cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde normalmente transitaba alrededor del 20% de la producción petrolera global. A esto se agrega la posibilidad de daños a infraestructura petrolera en países de la región del Golfo Pérsico. No hay certeza sobre la duración de la guerra ni su intensidad, pero el gobierno estadounidense ha hablado de una duración entre 4 y 5 semanas, con la posibilidad de extenderse, por lo que es probable que el choque sobre precios de energéticos no se corrija de forma inmediata e inclusive, podría intensificarse. Aunque la Agencia Internacional de Energía (IEA) dijo que se liberarán 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas, esto solo compensa alrededor de 19 días de consumo de petróleo[1]. Así, entre más dure la guerra, mayor será el impacto sobre los precios de energéticos y sobre la inflación. Para México esto también puede implicar depreciaciones del peso, ante la mayor aversión al riesgo y ante la fortaleza del dólar por la expectativa que la Reserva Federal podría mantener sin cambios su tasa de interés este año o inclusive subirla, sin las presiones inflacionarias son fuertes. Así, será importantísimo que el Banco de México sea cauteloso y deje sin cambios su tasa de referencia al menos hasta que se tenga más información de la duración de la guerra y del impacto sobre precios. [1] El consumo diario de petróleo a nivel global asciende a 100 millones de barriles. Sin oferta adicional, la liberación de reservas implica solo 4 días de consumo normal. Sin embargo, se estima que alrededor de 20% de la oferta global es la que está comprometida, pues es la que pasaba por el Estrecho de Ormuz. Con esta afectación y contemplando la oferta petrolera restante, se estima que la liberación de reservas estratégicas compensará durante 19 días el cierre del Estrecho de Ormuz. Esto es, después de 19 días de guerra, el precio del petróleo podría dispararse ante la menor oferta global y las menores reservas internacionales. ***Directora de Análisis Económico Banco Base