Supercomputadoras y poder

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Por Daphne Posadas Directora de FEE Studios Esta semana, una negociación entre Anthropic y el Pentágono podría definir los límites al uso gubernamental de la inteligencia artificial. Dario Amodei, CEO de la compañía, rechazó la propuesta del Departamento de Defensa al considerar que no ofrecía límites al uso de su modelo Claude en esquemas de vigilancia masiva. Y esta tensión expone la pregunta que quizá definirá nuestra época: ¿la inteligencia artificial nos acerca a una economía más libre y próspera o a una era de mayor concentración de poder? Si bien es cierto que cada revolución tecnológica reabre esta discusión, la IA tiene una particularidad: combina capacidad de procesamiento masivo con potencial de aplicación estatal a una escala sin precedentes. Y esa combinación es interesante y equivalentemente peligrosa para quienes sufren delirios de poder. En América Latina conocemos bien las promesas de ordenar la sociedad “desde arriba”. En los años setenta, el Chile de Salvador Allende intentó coordinar su economía mediante el Proyecto Cybersyn que apostaba a que una supercomputadora procesara suficientes datos para optimizar el control estatal. (Recientemente publicamos un video en nuestro canal de Youtube sobre este tema). El experimento fracasó por advertencias que ya habían hecho economistas como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek décadas antes. El problema de la planificación central no era (ni es) computacional, sino de conocimiento: de preferencias cambiantes, información local y creatividad humana. Hoy el debate reaparece en dos dimensiones: por un lado, quienes sostienen que la IA resolverá finalmente el “problema del cálculo socialista” y por otro, la preocupación por la vigilancia y el control estatal que estas herramientas podrían otorgar. Entonces, la pregunta es: ¿bajo qué marco institucional operará la inteligencia artificial? ¿En uno que fomente la competencia y la descentralización o en uno que facilite la concentración y el monitoreo extensivo? La tecnología no determina por sí sola los resultados políticos y económicos. Instituciones inclusivas pueden convertir innovaciones en prosperidad, mientras que instituciones extractivas pueden utilizarlas para consolidar poder. Esa es la verdadera discusión. ¡Hasta la próxima!