¿Tierra fértil para el populismo?

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Esta semana se publicó el informe 2026 de Latinobarómetro, una de las principales fuentes de información sobre opinión pública en América Latina. Esta edición incluyó alrededor de 20 mil entrevistas en 17 países, realizadas entre el 7 de mayo y el 17 de junio. Aquí algunos datos interesantes: En promedio, el 78% de los latinoamericanos desconfía de que el dinero recaudado por el Estado se gaste bien. En Perú, Panamá, Colombia, Guatemala, Paraguay, Bolivia y Brasil, la desconfianza supera el 80%. El único país donde es inferior al 50% es El Salvador, con 44%. La desconfianza no se limita al uso de los recursos públicos. Cerca de un tercio de los latinoamericanos considera que la democracia puede funcionar sin partidos políticos y sin Congreso; solo el 22% cree que puede funcionar sin elecciones. Y más de la mitad, 52%, dice que no le importaría que llegara al poder un gobierno no democrático si resuelve los problemas. Esa cifra en 2002 era del 44%. Hay otro dato que llamó mi atención pero que no aparece en el informe: la opinión sobre el populismo. Ante la pregunta de si sería bueno o malo para el país tener un gobierno populista, en El Salvador, 43% respondió que sería “muy bueno” o “bueno” y 40% en Brasil. Hace algunos años, durante mi maestría en economía, escogí el populismo como tema de mi investigación final. Me interesaba entender cómo un andamiaje institucional débil, la ausencia de una sociedad civil robusta y el deterioro de la calidad de vida se combinan para crear un terreno fértil para el populismo y creo que ahí está una de las claves para entender lo que ocurre hoy en América Latina. El populismo no aparece en el vacío. Crece cuando las personas sienten que las instituciones no funcionan, que los partidos no las representan, que sus impuestos desaparecen en un Estado ineficiente y que los mecanismos políticos son incapaces de resolver problemas concretos. Pero el problema es que el populismo puede convertirse en parte de la causa del mismo deterioro que originalmente lo hizo atractivo. Las instituciones débiles generan desconfianza. La desconfianza genera demanda de alguien que prometa saltarse las instituciones y resolver los problemas directamente. Ese líder concentra poder y debilita todavía más los controles que deberían limitarlo. Y mientras más poder concentra, más fácil resulta utilizar las instituciones para producir resultados visibles en el corto plazo, aunque eso ocurra a costa de las instituciones que deberían garantizar límites al poder en el largo plazo. Ese es el círculo vicioso: instituciones débiles producen desconfianza; la desconfianza alimenta al populismo; y el populismo puede debilitar todavía más las instituciones. No es casualidad que uno de los países donde existe mayor confianza en el uso de los impuestos sea también uno de los casos más claros de concentración de poder político en la región. ¿Qué ocurre cuando los ciudadanos dejan de evaluar al Estado por los límites que tiene y comienzan a evaluarlo únicamente por los resultados que entrega? El antídoto al populismo probablemente no sea encontrar al líder correcto. Es construir instituciones que no dependan de encontrarlo. Un Estado limitado, reglas claras, separación de poderes, propiedad privada, libertad económica, rendición de cuentas y una sociedad civil capaz de controlar al poder son mucho menos atractivos que un salvador político. Pero tienen una ventaja fundamental: no dependen de que el salvador sea bueno. ¡Hasta la próxima! *****Directora de FEE Studios, FEE