Por Luis Rubio Meses de bloqueo naval culminaron con la captura de Nicolás Maduro, desatando un torbellino de ondas de choque centrífugas que amenazan con alterar el orden establecido en México. Las consecuencias políticas de la operación militar , un espectacular éxito logístico y de inteligencia, podrían ser enormes y de profundas consecuencias para toda la región. Se desconocen algunas de las consideraciones estratégicas que llevaron a la detención del exdictador venezolano, en particular si hubo acuerdos con potencias globales como China o Rusia, factores que serían de gran relevancia para otros focos geopolíticos conflictivos como Ucrania y Taiwán. No obstante, los posibles efectos en la región norte del hemisferio occidental —el Caribe, Centroamérica y México— son innegables. La evolución política interna de Venezuela será compleja, dada una situación ya insostenible, pero la primera víctima externa será sin duda Cuba , cuya economía no puede sobrevivir sin el apoyo venezolano. Hasta hace poco, México había sido un actor secundario en esta ecuación, pero las cifras sobre los envíos de petróleo mexicano a la isla, como documentó recientemente el Financial Times , sugieren que las presiones que antes se aplicaban a Venezuela ahora se trasladarán hacia México. Una pregunta crucial sigue sin resolverse, especialmente para Centroamérica y México: ¿Cuán efectivo sigue siendo el (históricamente formidable) aparato de seguridad e inteligencia cubano? Esto es importante por tres razones. Primero, porque ha sido esencial para preservar el régimen cubano ; segundo, porque al igual que la llamada mafia rusa que surgió tras el colapso soviético causó estragos en Europa y otros países desarrollados, una "mafia cubana" podría fácilmente desbordar los ya frágiles servicios de seguridad de las naciones del Caribe, Centroamérica y México; y tercero, por lo que le espera a Venezuela. En última instancia, el régimen de Maduro parecía contar con el apoyo de las fuerzas de inteligencia y seguridad cubanas. La rápida captura de Maduro sugiere que dichas estructuras de seguridad se han deteriorado drásticamente y han perdido su funcionalidad, o que acuerdos colaterales las han vuelto inoperantes. Dada la fragilidad de la seguridad en Centroamérica y México, esta pregunta es cualquier cosa menos irrelevante. Será importante observar cómo reaccionan los principales centros de poder en Venezuela (y, por extensión, en Cuba): si se adaptan o se rebelan . Adaptarse significaría aceptar el golpe como un hecho consumado , seguido de esfuerzos para construir un acuerdo político viable. Rebelarse significaría desafiar la destitución de Maduro para abrir espacio para cualquier acuerdo futuro. Tras escuchar las declaraciones de varias figuras militares venezolanas, es evidente que ambas opciones tienen respaldo. Como sugirió el secretario de Estado Marco Rubio, este no es un momento fácil para La Habana. Ruido ideológico Nadie puede dudar de que el proyecto Chávez-Maduro está muerto, pero los intereses que lo sustentan no. En consecuencia, cabe esperar mucho ruido ideológico, pero mucha más acción dirigida a "salvar el pellejo", lo que puede implicar poder, cargos, dinero o simplemente refugio. Algunos optarán por unirse a nuevas corrientes; otros se resistirán. Gran parte del resultado dependerá de cómo el gobierno estadounidense canalice sus esfuerzos y del éxito de estos. Para Cuba, no hay asunto más relevante que este. México es el último peldaño del plan concebido por la administración Trump y expuesto con claridad en su reciente Estrategia de Seguridad Nacional . El gobierno estadounidense sabe que debe proceder con cautela con México, ya que cualquier error de cálculo repercutiría directamente en su territorio. Al mismo tiempo, precisamente por la frontera que une a ambas naciones, todas las virtudes —pero también los vicios— que caracterizan a la región convergen en México, muchas de ellas con el objetivo de alcanzar lo que una vez fue la Tierra Prometida. Esto aplica a bienes, servicios e ideas, pero también a la migración ilegal, la corrupción, las drogas y más. Hasta ahora, los funcionarios estadounidenses han sido muy cautelosos en sus tratos con México, y este ha estado cooperando en materia de seguridad. Sin embargo, el debate sobre operaciones unilaterales estadounidenses en México ha cobrado nueva fuerza tras el incidente en Venezuela. Aun así, sería un grave error: México necesita una estructura de seguridad fortalecida, que las acciones unilaterales estadounidenses solo servirían para debilitar aún más. Ambas naciones deberían llegar a un acuerdo de cooperación en materia de seguridad para desarrollar una estructura de seguridad profesional en México y asestar un golpe devastador no solo a los cárteles de la droga, sino también al crimen organizado en general. México en la mira El actual régimen mexicano no es como el de Chávez-Maduro, sino más bien una versión muy mexicana de las antiguas prácticas del PRI combinadas con un nuevo centralismo. Si bien el discurso ideológico es omnipresente (y plenamente adoptado por ciertas facciones dentro de la coalición gobernante), los políticos de Morena, al igual que sus predecesores, adoptan la retórica y se aferran al dogma para preservar sus posiciones, pero nunca descuidan su propio bolsillo, especialmente cuando el líder garantiza la impunidad. Los innumerables casos de corrupción que surgen a diario hablan por sí solos. Son políticos pragmáticos que se adaptan al mundo actual mientras aprovechan las oportunidades que les rodean. Sin embargo, es precisamente ese pragmatismo el que ahora está en la mira del gobierno estadounidense. Esta atención, dado el éxito inicial de la operación de Maduro, casi con certeza se intensificará. Ha sido este pragmatismo el que ha facilitado el crecimiento del narcotráfico, de la extorsión que destruye la vida y el futuro de millones de mexicanos, y del crimen organizado en general. El mismo pragmatismo que, a diferencia del antiguo PRI, ha llevado al desmantelamiento de principios e instituciones clave —como la independencia judicial— amenaza con paralizar, si no socavar, el futuro de la economía del país. El pragmatismo sin límites ni costumbres tiene sus virtudes, pero sus consecuencias pueden ser devastadoras . Se avecinan tiempos interesantes, como dice la maldición china. Esto se debe a que el statu quo es insostenible, especialmente cuando sus vicios se están desgranando, hoja a hoja, en varios tribunales estadounidenses, donde decenas de importantes capos del narcotráfico mexicanos están siendo juzgados, probablemente revelando alianzas insondables con políticos clave, sin las cuales el crimen organizado jamás podría funcionar. La gran pregunta es si la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aprovechará esta oportunidad para transformar verdaderamente el país o si intentará resistir una fuerza imparable.