En un conversatorio con motivo del 25 Aniversario de Letras Libres España en octubre pasado, el expresidente Zedillo afirmó que nuestro país ya no tiene los atributos que debe tener una democracia. Son atributos que se usan internacionalmente. No los inventó él. Zedillo afirmó que nuestro país ya no tiene los atributos que debe tener una democracia. Al mismo tiempo, en la mañanera de ayer la presidenta Sheinbaum declaró que necesitamos un INE fuerte que defienda la voluntad del pueblo, “no la democracia como la conciben los intelectuales oportunistas, ni los opositores”. Nunca explica cuáles son las dos concepciones. ¿Quién tiene razón? Zedillo no abundó demasiado, aunque citó las principales razones por las que México ya califica como autocracia electoral. Un gobierno que organiza las elecciones gracias a la captura del INE; el uso de recursos públicos y, seguramente del crimen organizado, para apoyar a los candidatos del partido en el poder y un Tribunal Electoral y jueces controlados por el gobierno que impiden que las controversias prosperen. Si hacemos una checklist de los atributos mínimos de la democracia se fortalece la afirmación del expresidente. Dividamos en dos la democracia. La democracia puramente electoral y lo que podemos llamar la democracia institucional. Las dos están ligadas. Si se manosean las elecciones se pervierte el funcionamiento de las instituciones. Respecto a la primera tenemos, además de las instituciones electorales capturadas con todo lo que ello implica, una cancha dispareja por la intervención del poder ejecutivo en el proceso electoral a través del uso directo de recursos públicos, la ilegal propaganda gubernamental en favor del partido gobernante y la entrega partidaria o presidencial de programas sociales. Respecto a la democracia institucional, están la desaparición en la práctica de la división de poderes; la destrucción de otros contrapesos como los órganos autónomos que limitaban las decisiones del ejecutivo en áreas clave de la política; la imposibilidad de llamar a cuentas al poder ejecutivo; la ausencia de las reglas no escritas de la política democrática como la interlocución con el resto de las fuerzas políticas, el diálogo, la conciliación de intereses y la negociación; la política de seguridad en manos de las fuerzas armadas; los vínculos del gobierno y su partido con el crimen organizado. La imposibilidad de llamar a cuentas al poder ejecutivo Habría que agregar la afectación a garantías individuales como el derecho a la presunción de inocencia junto con la ampliación de delitos que merecen prisión preventiva; las limitaciones al derecho de amparo; la inimpugnabilidad de las reformas constitucionales, el desvanecimiento de la seguridad patrimonial; el deterioro del derecho a la información y rendición de cuentas; la disminución de la libertad de prensa; la ofensiva contra las organizaciones de la sociedad civil. Lo relevante es la respuesta que da José Carreño en el periódico La Aurora (2-11-26) a si estamos ya en una autocracia electoral. Contesta con toda precisión: “Para llegar a una calificación semejante tienen que cumplirse ciertos requisitos, que enumero: elecciones con competencia desigual, concentración del poder, debilitamiento de la independencia del Poder Judicial, control o presión sobre los medios de comunicación, afectación de los organismos electorales y restricciones a la sociedad civil”. Para todas ellas, hay evidencia de sobra. En todas calificamos. Suena de terror. Lo es. Zedillo ofrece hechos y argumentos que sostienen que México es una autocracia electoral. Sheinbaum lo que ofrece son discursos. Usted tiene la última palabra.